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18 noviembre, 2018

Museo del Prado: Imprescindible


La mejor pintura española está en el Museo del Prado. El Bosco, Tiziano, Boticelli, Rafael, El Greco, son algunos artistas que tienen hueco en el Museo Nacional del Prado.

Durante el reinado español de Carlos III, 1785, el Museo del Prado es uno de los edificios más emblemáticos de la época. Situado en la Comunidad de Madrid fue el monarca quien se lo encargó al arquitecto Juan de Villanueva. Con la creación de este edificio Carlos III otorgó a Madrid una categoría urbana y monumental al estilo de otros reinos europeos.

En sus comienzos fue concebido como Salón del Prado y, posteriormente, Paseo y no se le catalogó como pinacoteca sino como Gabinete de Historia Natural.

En los inicios de la construcción del museo, debido a la Guerra de la Independencia en España (invasión de las tropas francesas en España), se paralizaron las obras y fue utilizada como cuartel de caballería. Posteriormente, a la Guerra, España expulsa a los franceses y restauran la monarquía de Fernando VII.

Este rey decide abrir en 1819 las puertas del Museo con la idea de exponer las colecciones reales en una galería del edificio de Villanueva. Concebida ya como pinacoteca, característica que lo distingue de otros museos europeos.

Diez años tuvieron que transcurrir para que una gran parte de las colecciones reales pasaran al Prado (enriqueciéndose con los fondos del monasterio de San Lorenzo de El Escorial); pero ésta aumentó debido a que los conventos y las iglesias de aquel entonces tuvieron que deshacerse de sus obras tal y como se estipulaba en las Leyes de Mendizábal de 1835. En un principio pasaron al convento de la Trinidad, en Madrid, pero en 1872 pasaron al Prado.

Poco tiempo después muere Fernando VII y las obras son repartidas por sus dos hijas, Isabel II (que obtuvo el reinado tras la muerte de su padre) y Luisa Fernanda. Al ser menor de edad Isabel II, se ocupó del cargo hasta que cumpliera la mayoría de edad la Regenta María Cristina, quien compró la mitad de las obras que le correspondía a la hermana de Isabel II.

Tras la expulsión de Isabel II en 1868, el museo se nacionalizó y pasó a denominarse Museo Nacional del Prado.

A principios del siglo veinte los eventos más significativos vienen precedidos de exposiciones las cuales han tenido una seguridad deficiente y de la celebración de su primer centenario.

Meses anteriores a dicha conmemoración hubo un robo en la Institución de una valiosa vajilla heredada por Felipe V, once copas del Tesoro del Delfín. Pudieron rescatar algunas obras, pero como es obvio mutiladas, es decir, sin sus joyas preciosas. Por ello al Museo se le otorgó otra organización legal, dotándola de un Real Patronato, lo que conllevó a tener una mayor cobertura administrativa con el fin de tener más prestigio frente a otros museos europeos.

En 1936, otro suceso histórico marcó el trayecto del Museo, puesto que en este periodo las obras fueron llevadas a la planta baja y las cubrieron con sacos de arena con el fin de no ser deterioradas por los bombardeos. Frente a tal circunstancia, la Sociedad de Naciones trasladó estas piezas a Ginebra  debido a que el Prado no tenía sistemas de protección tales como el blindaje. Éstas volvieron de nuevo a la capital española durante la Segunda Guerra Mundial en trenes nocturnos para evitar posibles enfrentamientos con la aviación alemana.

Tras la Guerra Civil española, en el período de postguerra, aumentó el turismo en España, por lo que el Museo abrió sus puertas y supuso, por tanto, un renacer del Museo y un aumento considerable del Museo.

Arquitectura del edificio

El edificio de Villanueva está compuesto por un cuerpo central simétrico el cual aparece dividido en cinco cuerpos: a los extremos nos encontramos dos pabellones cuadrados, cada uno de dos plantas. La inferior posee unos ventanales alargados que terminan en un arco de medio punto; y la planta superior posee una galería de columnas jónicas. En la actualidad podemos apreciar un tercer piso.

Por otra parte, el cuerpo central, donde se ubica la fachada principal, a modo de un templo basilical y se abre al Paseo del Prado a la manera de un recinto religioso clásico, con un pórtico de columnas dóricas.

La fachada norte corresponde a la segunda planta del edificio y en ella, se puede apreciar un pórtico de columnas jónicas y una escalinata monumental. Ésta da a la puerta de Goya baja. Por otro lado, la fachada sur, compuesta por una galería de seis columnas corintias y adornadas por un balcón con vistas al Jardín Botánico, da a la plaza de Murillo.

El interior, caracterizado principalmente por que en sus salas centrales, el techo es abovedado, en la zona norte posee una rotonda de ocho columnas jónicas y cuya bóveda tiene una decoración de casetones.

El exterior, creado por los escultores Hermoso, Ramón Barba y Valeriano Salvatierra está compuesta por unos medallones con retratos de los artistas españoles más importantes: un gran relieve sobre la columnata del pórtico, obra de Barba, que representa a las Bellas Artes guiadas por Minerva y alusiones al mecenazgo artístico de Fernando VII, además de estatuas alegóricas, realizadas por Valeriano Salvatierra, y jarrones decorativos insertos en el cuerpo bajo de la fachada que da al Paseo del Prado. La fachada, además, está inspirada en el Neoclasicismo; estilo que pretende recuperar el equilibrio constructivo y moral tras la supuesta decadencia exuberante del Barroco. Asimismo, introduce criterios de urbanismo al articularse perfectamente con su entorno: la iglesia de los Jerónimos, el amplio paseo de bulevares franceses y las fuentes y jardines a los que se abrían las galerías venecianas.

La colección

Desde 1918 se están realizando continuas ampliaciones debido al problema de la falta de espacio. El edificio de Villanueva, el Casón del Buen Retiro, y por último, el proyecto de Rafael Moneo (1971) que es una ampliación hacia el claustro de los Jerónimos.

Las joyas que se encuentran en el Museo abarcan tanto pinturas, esculturas, medallas, monedas, como piezas santuarias y decorativas; pero sólo pueden mostrarse al público una parte de ellas debido al problema de espacio. La disposición de las obras aparecen determinadas, cronológicamente, por las escuelas española, italiana, flamenca, francesa, alemana (en el caso de pinturas) y esculturas, artes decorativas y dibujos y estampas. Asimismo, “Las meninas“, “Cristo Crucificado”, “Felipe IV a caballo”, “El Príncipe Baltasar Carlos cazador”, son algunas joyas de Velázquez; “Dos de Mayo”, “Autorretrato” , “La maja desnuda”, de Goya; “El martirio de San Andrés”, “El sueño del patricio”, de Murillo; “Las tres Gracias”, “El jardín del amor”, de Rubens.

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